Nápoles 22 agosto

Hoy el barco llega más pronto que otros días, a las 6,30. Cuando nos despertamos a las 7,30 ya tenemos todo Nápoles frente nuestro balcón 



Ana decide no bajar hoy del barco. Se agobia con la silla y recuerdo a Nápoles algo caótico. Así que me dirijo con los niños, mejor dicho chavales, al free tour del día que parte de la Piazza Dante, a un paseíto andando del puerto.





Allí nos aparecen un pseudo grupo manifestante cantando y bailando. Al principio pensamos que son Hare kristnas, pero cuando se acercan vemos que llevan símbolos católicos y una pancarta. Curiosos





Nuestro guía Fabriccio nos lleva por el centro de Nápoles. 

Curiosa la historia de una iglesia en la que cayó una bomba de la segunda guerra mundial y no explotó. Alli tienen colgada la bomba para recordar el milagro o la suerte, según estado de fé.





En una parada técnica el guía nos recomienda un sitio para comprar tiramisú. Compramos uno para los tres solo por probarlo. Tras la primera cucharadita vuelvo a comprar otra dosis ante las risas del vendedor. Exquisito 




El free tour termina relativamente pronto y decidimos hacer un par de paradas más antes de volver al barco.


Subimos al castell sant'elmo, desde allí las vistas sobre Nápoles y el Vesubio son las mejores de la ciudad. Usamos el metro. Los pasillos e instalaciones bastante mal. Contrasta el vagón interior, debe de ser lo único nuevo aquí.





Casualmente íbamos a coger un funicular para bajar al barrio español, pero vemos que andando se tarda prácticamente lo mismo. 

Gran acierto, las vistas del camino de bajada son buenísimas, casi mejores que desde arriba.




Llegamos al barrio español y al mural de Maradona. Nos habían dicho que era un poco castaña, pero en realidad nos parece mucho peor de lo que nos dijeron. En realidad todas las calles por aquí están dedicadas al Dios argentino. El personaje es omnipresente y venerado por toda la ciudad

Nápoles sigue siendo una ciudad sucia y caótica. Hace 10 años que estuve aquí y no he notado ninguna mejoría. Incluso diría que está peor. En el barrio español, quarteri spagnoli, Nápoles nos ofrece todo su esplendor y caos.





El calor es sofocante, 30 grados con una humedad del más del 80%. Lo mejor que podemos hacer es volver al barco a comer e hidratarnos en la piscina, como ya es habitual.


Por la tarde dejamos Nápoles con maravillosas vistas del golfo de Nápoles y el Monte Vesubio.





En la noche la vestimenta recomendada es de estética 60s, 70s y 80s. El concepto es tan amplio que se ven algunos modelos a cual más rimbombante. 

Quién coño viene a un crucero con eso en la maleta? 

He preferido no incluir detalles gráficos para no herir sensibilidades





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